ROMANCERO.-3

Publicado en por Armak de Odelot

                  XV

 

De vuelta va mi camino                   
deshojando un sol de plata            
entre un sí que me da vida            
y un no, que mi vida mata.

           

¡Ay, niña! ! Qué cuatro lobos     
me alejan de tu mirada!              
Pensaron matar su hambre             
y el hambre casi los mata.     

      

Ay, qué rabia tienen, niña,          
rezuman ríos de rabia.               
Rabia que rumian con ira.            
Rabia que enrabia sus almas.  

       

Y yo, envuelto entre ellos.          
Y yo, revuelto en su rabia.          
Rabiando voy entre dientes           
un camino que me abrasa.   

          

Un camino que no quiero.             
Viacrucis que mi paso arrastra.      
Un calvario que devora               
mi caminar con fantasmas.     

       

¿ Cuándo podré desandar,             
camino, tu piel en llamas            
y volver de donde parto              
a nacer con las mañana?    

          

Cuatros lobos negros son.            
Cuatros rumbos, niña, marcan.        
Más solo uno de ellos                
esconde lo que me aguarda.
           
Ay, niña, si tú quisieras
guiar con tu luz mi barca.
A éste caminar sin rumbo,
por fín, le daría la espalda.

 

Más estos lobos que viven,
conmigo, de mi desgracia,
me dicen de buena tinta
que pierda toda esperanza.

 

Porque no hay hambre asesina
sino muerte cuando hay ansia
y ansia es lo que tengo
por comer tu carne blanca.

 

Por arder entre tus pechos.
Por fundirme con tu lava.
Por ahondar en el secreto
que encierras, luna de nácar.

 

Ay, camino, no me obligues
a seguir tu misma marcha
que el vaso de mi paciencia
rebosa mares de rabia.

 

Pues si con rabia no vivo,
sin ella, muero de rabia

y si enrabiado me quedo
por perro rabioso me matan.

 

Cuatros lobos, niña, son.
Cuatro sombras que me atrapan.
Cuatro, son, cuatro y muy negros.
Negros son, negra su rabia.

 

De vuelta van, de camino,
dejando un rastro de malvas.
Pudo ser un río de fuego.
Más nunca verán más el alba.

 

                  XVI

 

¡ Ay, luna rockanrolera,
luna rokera de plata!
Ayer, romántica y hoy
reina del porro y la marcha.

 

En esta noche rokera.
La luna está alucinada.
Un festival musicoide
la tiene encandilada.

 

¡ Ay, que ver como te montas,
la historia, lunita clara!
Vives la movida a tope
vacilando de colgada.

 

Cuatro son los coleguillas
que la nueva ola desata.
Dedo púa, tecla dedo,
pandereto y baja rama.

 

Ya suben al escenario,
entre silbidos y palmas,
las estrellas del momento
bajo la noche estrellada.

 

Un gran sol de decibelios
electriza las miradas.
Mil rayos relampaguean
sobre el rostro de las tablas.

 

Sale radiante y desnuda
la frívola diosa de nácar.
Brillan como un mar de olas
mil velas sintonizadas.

 

De mano en mano, los sueños
besos de humo se pasan
entre un éxtasis de fuego.
¡ Qué cuelgue tiene la basca!

 

Un río de lava escupe
un plenilunio de danzas.
Aquí se encuentra revuelta
la élite de las cloacas.

 

Desde el bohemio de siempre
hasta la flor marginada
más la carne de presidio
y el macarra de crianza.

 

También se junta el niñato
que ignora que hacer con la pasta
y aquellos medioclasistas
que aún se andan por las ramas.

 

¡ Ay, qué núcleo de misterio!
¡ Qué laberinto de razas!
La bofia pasmada espera,
en el mogollón, la alarma.

 

Las radios de sus lecheras
viejas melodías cantan.
Ante esto, yo pregunto:
¿ Cuántas lunas tiene el alma?

 

Si me río, un sol de luna.
Más si lloro, luna de agua.
Luna menguante, el ayer.
Luna creciente, el mañana.

 

Un gran poeta de siempre
dijo con la voz cansada:
"Todo pasa y todo queda"
Más tú te quedas que pasas

 

de todo.¡ Pués vaya rollo!
¡ Vaya comecocorama!
¡ Barriobajera y pasota
en la noche vallecana!

 

                   XVII

 

! Ay, por el ay del ayer!
! Ay, por el ay del mañana!
Cincos cascabeles negros
galopan por la guitarra.

 

Con un mástil por camino
y la luna de morada,
cinco cascabeles negros
hiriéndome las entrañas.

 

! Ay, por el ay que se fué!
! Ay, por la cruz de mi alma!
Un toro de luz emerje
tras la fría reja de plata.

 

Viene derramando pena
por los poros de su casta.
De amor, suspiros y caprichos,
de sangre y fuego, palabras.

 

Atrás quedaron las olas.
Atrás quedó la montaña.
¿ Para quién canta? ¿ Porqué
está triste la guitarra?

 

! Ay, por el ay que hay
en el ay que hay en el alma!
Marinero quiero ser
de la más maltrecha barca

 

y en el perfil de la noche
cuando el viento rasga el agua
de su vientre dolorido
consolarla con mi palma.

 

Qué si hay por ahí un ay
es el ay que hay en el alma
y el ay por el ay que suena
cuando llora una guitarra.

 

                XVIII

 

Mi sino fué ser poeta
como el del río la mar.
Luchar contra corriente
era en vano luchar.

 

Mi sino fué ser poeta
dejadme, al menos hablar,
tan sólo eso os pido
quedaros con lo demás.

 

No quiero ni fama ni gloria
sino mi camino andar
que no necesita de honras
quién piensa que es uno más.

 

Ni más dinero que el justo
para poder vivir en paz
Que quién quiere más que eso
todo le parece ná.

 

Mi sino fué ser poeta
dejadme, al menos, hablar.
Que si por loco me toman
el viento me ha de callar.

 

Que no la burla del necio
ni la envidia del patán.
Que si Dios me ha dado la lengua
tán sólo él la puede atar.

 

Ni el más tirano se atreva,
un centímetro, a cortar
que el que la hace la paga
ya sea aquí o más allá.

 

Mi sino fué ser poeta
como el del río la mar.
Dejadme hablar, al menos.
Al menos, dejadme hablar.


                   XIX

 

¡ Ay, de aquellos tristes días
de lluvia tras la ventana
bajo el calor hogareño
del brasero y la mañana.

 

Cuando a través del visillo
del recuerdo y la esperanza
oyendo correr las gotas
por los cristales, soñaba...

 

en aquellos otros días
que meláncolicos pasan.
Lentamente, entre paseos,
bajo un sol de nostalgia.

 

Por parques de sombra y sueño
y alamedas de hojarasca
donde vierten mil suspiros
de llanto y misterio el alma.

 

Aún me veo, hoy en día,
como si el tiempo no andara,
de vez en cuando en silencio,
recorrer como un fantasma

 

las sendas que antaño hería
con el son de mi pisada.
¡ Ay, si el viento me quisiera
llevar a un mundo de magia

 

y en lugar de otoño hubiera
una primavera larga,
que no quiero ver mas hojas
desprenderse de las ramas

 

para ver como en la tierra
las deja olvido enterradas,
que siento como sentía
un no se qué que me embarga...

 

cuando pienso en estos días
que la pasión aletarga,
entre sombras de caricias
y platónicas miradas.

 

Y el amor se jura eterno.
Y la espera siempre es larga.
Y un beso, por Dios un beso,
lo era todo y no era nada.

 

¡ Ay, si mi nombre en el viento
su corazón me grabara,
en el mismo sitio qué
sus promesas escuchara.

 

Que aunque pasen veinte siglos
y otros veinte más pasaran
hasta el último momento
de mi vida yo la amara.

 

Aún recuerdo sus perfumes,
sus caricias, sus fragancias.
Aún me viene a la memoria
el brillo de su mirada.

 

Cuando el tren de mi desdicha
quiso, de mí, alejarla.
¡ Ay, Díos mío, como pude
dejar que se la llevara!

 

Cada vez que la recuerdo,
se me rompe en llanto el alma.
Mientras,  nostálgicamente,
dejo caer una lágrima.

 

                   XX

 

En el seno de un otero,
al pie justo de la era,
agoniza un árbol viejo.
Al borde, la carretera.

 

A la sombra de sus ramas
en su pecho de madera
arrugado entre el pellejo
grabada quedó mi pena.

 

El viento agita ronco
su congoja por el cielo
y del tronco, aquella hoja,
cae de floja, contra el suelo.

 

En el cenit del ocaso
la caída flor de ayer
es el vuelo breve y seco
del eco de mi niñez.
         

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