ROMANCERO.-2

Publicado en por Armak de Odelot

                   VII

 

Hace tiempo, mucho tiempo,
cuando era muy pequeño,
los juguetes me atraían
y de mí, sentíame dueño.

 

La esperanza me llenaba
y su voz mi ser cubría
de sueños con Reyes Magos,
de luces y fantasía.

 

Con la tierra hice castillos
y de reyes fuí vasallo.
Muchas veces me caía,
siempre manchado de barro.

 

Más de pronto, en un día,
mi infancia saltó en pedazos
y lo que antes creía, ni de cerca,
lo sentía como antaño.

 

Desde entonces, ya no he vuelto
a saber si pena vale
oir llorar mi adulto pecho:
El del pueblo que se queda sin chavales.

 

                        VII

 

Por las cumbres malheridas
del abanico cuatralbo
avanzan las damiselas
contra el arrecife blanco.

 

Tras la cortina de espuma
que levantan sus espuelas,
al galope, van del viento,
las ilustres volanderas.

 

¡ Ay, qué revuelo de brincos,
las castañuelas del agua!
Sobre la crin de la cresta
tras el céfiro del alba.

 

¡ Ay, cómo resuena el tambor
de cristal! ¡ Cómo resuena!
Por la orilla, desbocadas,
al compás de sus piruetas.

 

Siempre van cantando y van
tan alegres como cantan.
Cada ola es un poeta
que se rompe cuando habla.

 

                      VIII

 

Ya sé que el tiempo depende
del reloj y el calendario
y que la vida es distinta
para un niño y un anciano

 

Y aunque ambos ocuparan
el mismo trozo de espacio
y miraran a lo mismo
el mismo día del año

 

Uno vería entre recuerdos
el mundo que va dejando
y el otro entre juegos ve
el mundo que le han dejado.

 

Uno empieza a caminar.
El otro de andar va cansado.
Uno mira siempre al sol
el suelo va el otro mirando.

 

Uno viene ya de vuelta.
El otro aún no ha llegado.
Uno camina perdido-
El otro se va encontrando.

 

Para el viejo es un recuerdo
el niño que está jugando.
y el viejo es un juguete
para el niño que le está mirando.

 

¿ Quién dice que el niño no sea
el viejo de hace unos años?
¿ O qué el viejo no será
el niño que le está soñando?

 

                      IX

 

De cuando en cuando, amigos,
la vida te da sorpresas
algunas las vas buscando
las más, ni las esperas.

 

Unas te dan alegrías
las mayoría, dan pena.
Por si acaso, te previenes
y prefieres no tenerlas.

 

Más hoy, haciendo balance
de esta primera quincena
que llevo entre vosotros
me he llevado una sorpresa.

 

Que ni esperando creía
que fuera requetebuena
He visto reconocida
las letras de mis poemas

 

en más de un comentario
hecho de mil maneras
que ha dejado mi cielo
cubierto de mil estrellas

 

Y agradecido yo os digo
gracias por todas ellas
Por nobles, mis compañeros
Por dulces, mis compañeras.

 

                      X

 

ROMANCE DE LA HILANDERA

 

Sobre el junco cristalino            
del alféizar como sueña,             
hila que te hila hilando,            
hilo y huso, la hilandera.  

         

Un capricho de alfaguaras            
prendido en la blusa lleva           
y un corpúsculo de luna              
en el pelo de diadema.   

            

Enfrente de la ventana               
hay un bar de centinela              
con los ojos puestos en              
un tobogán de quimeras. 

             

La bella moza se sabe                
diana del amor en venta.             
Más omisa hila que sueña             
con un trébol de cometa.    

         

Un carámbano de nieve                
en la flor del agua riela.           
Al compás, refleja el mar,           
lumbres de sal, con sus crestas  

    

Los faroles de la plaza              
difuminan las tinieblas              
entre cítaras de sombras             
deformadas y siniestras.  

           

La luna sigue a lo suyo,             
tras el cristal, hila y sueña        
con los ojos en la mar               
y la barca entre la arena. 

          

De pronto, oculto en el viento       
un tambor requetesuena,              
como cántaro que rompe               
con redobles de trompeta.

 

En la tasca del silencio
se ajustan las viejas cuentas
descorchadas con el filo
sepulcral de unas botellas.

 

De la cima de la luna
baja    un cáliz de violetas.
Un halo de luz dispara
una ráfaga de espuelas

 

que derraman sobre el viento
chorros de chispas violentas.
Una cúpula de espuma
se levanta tras las rejas

 

y un relámpago de muerte
penetra por las tinieblas.
La plaza se queda a oscuras
y la noche sin estrellas.

 

Los aljerifes de plata
el toro del mar cornea.
Hacia arriba con orgullo.
Hacia abajo con vergüenza.

 

¿ Dónde vas, flor de azahar,
 reina de las hilanderas,
 sin el broche de alfaguaras
 montada en tu jaca negra?

 

 Voy camino de la mar
 sobre la crin de la cresta
 donde pueda al fin soñar
 que nunca más te despiertas.

 

 Sobre el junco cristalino
 del alféizar, ya no sueña,
 ni hila que te hila hilando,
 hilo y huso, la hilandera.


                    XI

 

! Ay, pueblos de mi Castilla!
! Pueblos tristes y cerrados!
Pueblos que el polvo entierra
bajo un sol desparramado.

 

! Ay, campos de mi Castilla!
! Campos yertos y olvidados!
Campos donde los viejos
dormitan abandonados.

 

¿ Cuándo el viento borrará
el silencio de tus labios,
la tristeza de tus villas,
la soledad de tus campos?

 

¿ Acaso has muerto, Castilla?
¿ O acaso, te están matando?
¿ Porqué nadie te defiende?
¿ Ya no quedan castellanos?

 

Silencios habla Castilla.
Silencios el buen castellano.
Silencios porque en Castilla
el orgullo habla callando.

 

Para ahogar con silencios
el silencio de los campos.
! Sepulcrales cementerios!
! Santos campos! ! Camposantos,

 

del olvido y pá el recuerdo!
¡ Así son mis muertos campos!
¿ Acaso has muerto, Castilla?
¿ Ya no quedan castellanos?

 

De Castilla son mis padres.
De Castilla mis hermanos.
Y mis hijos como yo
también serán castellanos.


                  XII

 

Bajo el arco iris
de un viejo puente de piedra,
pasa dormida mi alma,
soñando que está despierta.

 

Soñando que está despierta,
en mi vieja barca va,
por el río de la vida
que la arrastra hacia la mar.

 

Que la arrastra hacia la mar,
sin saber porqué la arrastra,
mi vieja alma se va
pensando.. ¿ Quién va en la barca?.

 

¿ Si el barquero no soy yo?
¿ Ni yo el que va en mi barca?
¿ Quién os habla con mi voz
y voz pone a mis palabras?

 

Bajo el arco irisado
de un viejo puente de piedra,
pasa dormida mi alma
soñando que está despierta.

 

Soñando que está despierta
en mi vieja barca va
por el río de la vida
que la arrastra hacia la mar.

 

Que la arrastra hacia la mar
sin saber porqué va el alma.
Sin saber porqué y pensando...
¿ Quién irá en mi vieja barca?

 

¿ Si el barquero no soy yo?
¿ Quién soy yo? ¿ Y quién mi barca?
¿ Y quién aquel que me dice
que hay un Dios que está en el alma?

 

                      XIII

 

¡ Ay, mi cunita vacía!
¡ Ay, querubín de mi alma!
¿ Quién velará tu sueño?
¿ Quién te cantará mis nanas?

 

No te conocí y extraño
tu carita sonrosada,
tu pelo alborotadito,
tus dos manitas de plata.

 

No pecastes y pagastes,
sin culpa también se paga,
más nunca diré que era quién
para que tu vida segara.

 

Perdona a tu padre, perdona.
Perdona también  a tu mama.
Que quienes más te quisieron
te arrancan de sus entrañas.

 

Dios te guarde en su seno.
La Virgen cante mis nanas
y una estrellita en el cielo
ruegue por nuestras almas.

 

¡ Ay, mi cunita vacía!
¡ Ay, querubín de mi alma!
¿ Quién velará tu sueño?
¿ Dónde tu cuerpo descansa?

 

                    XIV

 

      Hacia el mar quisiera ir,
      siempre hacia la mar, errante,
      con el viento por sandalias
      y por lecho,los pajares.
     
      Hace tiempo que marché
      a luchar contra gigantes,
      para ser como la mar
      tan buen caballero andante.
     
      No sé quién me prometió
      un reino en alguna parte
      y por él, luché y morí
      a manos de sus rivales.
     
      Siendo caballero fuí
      escudero de mi amante,
      escudero, sí, de amor,
      que no caballero andante.
     
      Pues yo nunca pude ser
      lo que no pudo ser nadie.
      Sanchos somos y Quijotes
      en la pluma de un Cervantes.
     
      Hoy tan solo quiero ir
      como un simple caminante,
      por la sendas derramadas
      en las sombras de la calle.
     
      Que los sueños de mi infancia,
      ya no quedan, son puñales,
      en el fantasmal espectro
      de mis pobres arrabales.
     
      Con el viento por sandalias
      y por lecho, los pajares,
      hacia el mar quisiera ir
      siempre hacia la mar, errante.

 



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